
Una de las cosas que mejor creo saber hacer, es encariñarme con las empresas en la que me ha tocado trabajar. Tengo una forma de pensar que me hace vivir al máximo el sentido de pertenencia, el sentir que la empresa y todo lo que hay en ella es mía, por lo que la identificación con ella se hace muy fuerte.
El último sábado 31 de enero fue mi último día de trabajo en Braillard S.A., empresa que me abrió los brazos y de la que fui parte durante cuatro años (como me dolió escribir “fui”). Tenía previsto guardar la compostura durante la despedida, y esto lo tenía planeado desde el 09 de enero, fecha en la que me reintegré luego de un mes de vacaciones en el que cerré negociaciones con la empresa en la que ahora trabajo. Quise que todo esté “tranquilito nomás” al momento de decir “adiós muchachos” pero no se pudo. La emoción te gana, más aún cuando los que te despiden se emocionan y te dicen cosas que tu no esperas escuchar.
Los últimos días de trabajo, a la vez que hacía las cosas que tenía que hacer, dedicaba tiempo a guardar algunos archivos, fotos, documentos, reenviando e-mails, pero sobre todo “EMPACANDO RECUERDOS”. ¡Qué bestia! Es increíble la avalancha de recuerdos que venían a mi mente, y de repente “no te vayas pe Gustavo” decía la Viole, mi amiga y fiel asistente. Una chica que en pocos años creció como persona y como profesional de una manera alucinante. Fui testigo presencial de los progresos de esta chica, y mientras escribo me vuelve a la mente la imagen de su primer día de trabajo en Braillard. Hoy, casi tres años después definitivamente no es la misma y yo me alegro. Y minutos antes del abrazo final, me entregó su parte de matrimonio. Viole: Cuando leas esto, piensa en que uno de mis más grandes orgullos como profesional eres tú. Verdad que si. Que Dios bendiga tu matrimonio.
Me siento muy afortunado de haber compartido cuatro años de trabajo con un equipo humano de primer nivel. Aprendiendo muchas cosas del que fue mi jefe pero siempre será mi amigo, y también de todos lo que compartieron conmigo estos cuatro años. Ver crecer profesionalmente a varios muchachos ha sido algo gratificante, y me alegra que la persona que ha asumido mi cargo como Jefe de Servicios Post Venta sea una persona de “la casa”, mi amigo Miguel Angel Arteaga a quien le sobran capacidades para hacer una gestión de excelencia en su nuevo puesto de trabajo.
Ahora tengo frente a mí un gran proyecto profesional al que le haré frente muy confiado en que Dios me acompaña y me ilumina. Se que Dios es el causante de estos cambios, y de que El tiene preparadas para mi cosas mucho más grandes aún de las que ahora gozo. Y le agradezco. Le agradezco porque vivo en carne propia aquello de que “sus misericordias son nuevas cada mañana, y grande es su fidelidad”. Ya les contaré sobre mis nuevas coordenadas.
Un abrazo a todos.
El último sábado 31 de enero fue mi último día de trabajo en Braillard S.A., empresa que me abrió los brazos y de la que fui parte durante cuatro años (como me dolió escribir “fui”). Tenía previsto guardar la compostura durante la despedida, y esto lo tenía planeado desde el 09 de enero, fecha en la que me reintegré luego de un mes de vacaciones en el que cerré negociaciones con la empresa en la que ahora trabajo. Quise que todo esté “tranquilito nomás” al momento de decir “adiós muchachos” pero no se pudo. La emoción te gana, más aún cuando los que te despiden se emocionan y te dicen cosas que tu no esperas escuchar.
Los últimos días de trabajo, a la vez que hacía las cosas que tenía que hacer, dedicaba tiempo a guardar algunos archivos, fotos, documentos, reenviando e-mails, pero sobre todo “EMPACANDO RECUERDOS”. ¡Qué bestia! Es increíble la avalancha de recuerdos que venían a mi mente, y de repente “no te vayas pe Gustavo” decía la Viole, mi amiga y fiel asistente. Una chica que en pocos años creció como persona y como profesional de una manera alucinante. Fui testigo presencial de los progresos de esta chica, y mientras escribo me vuelve a la mente la imagen de su primer día de trabajo en Braillard. Hoy, casi tres años después definitivamente no es la misma y yo me alegro. Y minutos antes del abrazo final, me entregó su parte de matrimonio. Viole: Cuando leas esto, piensa en que uno de mis más grandes orgullos como profesional eres tú. Verdad que si. Que Dios bendiga tu matrimonio.
Me siento muy afortunado de haber compartido cuatro años de trabajo con un equipo humano de primer nivel. Aprendiendo muchas cosas del que fue mi jefe pero siempre será mi amigo, y también de todos lo que compartieron conmigo estos cuatro años. Ver crecer profesionalmente a varios muchachos ha sido algo gratificante, y me alegra que la persona que ha asumido mi cargo como Jefe de Servicios Post Venta sea una persona de “la casa”, mi amigo Miguel Angel Arteaga a quien le sobran capacidades para hacer una gestión de excelencia en su nuevo puesto de trabajo.
Ahora tengo frente a mí un gran proyecto profesional al que le haré frente muy confiado en que Dios me acompaña y me ilumina. Se que Dios es el causante de estos cambios, y de que El tiene preparadas para mi cosas mucho más grandes aún de las que ahora gozo. Y le agradezco. Le agradezco porque vivo en carne propia aquello de que “sus misericordias son nuevas cada mañana, y grande es su fidelidad”. Ya les contaré sobre mis nuevas coordenadas.
Un abrazo a todos.








